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UNA HISTORIA GANGSTERIL DEL NUEVO CÓNSUL DE MÉXICO EN TUCSON, ARIZONA

TUCSON, ARIZONA.- “Chíngatela, como sea, chíngatela” fue la orden que dio el nuevo Cónsul Guillermo Rivera Noriega al enterarse del reportaje de Dolia Estévez.

No fue una reacción visceral, sino resultado de su “sesudo” análisis, y en medio de una junta de trabajo para analizar los efectos de la entrevista de Dolia al Cónsul y publicada en la prensa mexicana… Aquí la historia completa.

Apenas el año pasado una buena parte de la población migrante mexicana en los Estados Unidos, salió convencida a participar en las elecciones presidenciales, donde el entonces candidato por tercera ocasión, Andrés Manuel López Obrador, logró un impactante triunfo.

Como ya es sabido poco más de 30 millones de mexicanos depositaron su confianza en el candidato de Morena y su proyecto, al mismo tiempo la comunidad migrante mexicana no se mantuvo al margen y ante la oportunidad del voto adelantado y por correo, hicieron pública en redes sociales su decisión de apoyo al entonces candidato de la coalición Juntos Haremos Historia y su proyecto. Fueron muchas las facturas cobradas por los mexicanos con esta oportunidad, los gobiernos de los expresidentes Fox, Calderón y Peña Nieto según el sentir de los votantes quedaban a deber en el desempeño presidencial, sobre todo en los consulados y embajadas diseminados a lo largo y ancho del orbe, pero principalmente en los Estados Unidos, ya que se habían caracterizado por la indolencia ante las necesidades más apremiantes de los mexicanos fuera de México.

Rueda de prensa en Hermosillo

Las sedes diplomáticas se llenaron, antes como ahora, de pagos de favores políticos y en muchos casos tratos inconfesables de los miembros del Servicio Exterior Mexicano (SEM) con los grandes de la partidocracia y los grupos empresariales tanto en México como en Estados Unidos.

Arizona no fue la excepción y sexenio tras sexenio las cinco sedes consulares en el estado fueron ocupadas por personajes acostumbrados a vivir holgadamente en el dispendio institucional y aristocrático de la diplomacia mexicana, comiendo las mejores viandas y degustando de las mejores bebidas, en reuniones públicas y privadas.

Incluso el arte a modo floreció en las sedes consulares, pues se mandaron traer para el deleite de los cónsules, sinfónicas y orquestas, exposiciones de fotografía y pinturas, conferencistas y expertos en temas refinados, que nada tenían que ver con el sentir migrante de la comunidad mexicana; millones de dólares del gasto público se invirtieron para cumplir los caprichos de los diplomáticos, sobre todo en el consulado del Condado Pima y Pinal, en la ciudad de Tucson.

La vieja corrupción

El dispendio y los gastos sospechosos continuaron con Inversiones millonarias en propiedades como lo es el edificio de la Broadway y Alvernon, que fue inaugurado por la entonces canciller Claudia Ruiz Massieu, personalidades del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como la gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, y políticos de Arizona del Partido Republicano y del Partido Demócrata.

El dispendio y los gastos sospechosos se sucedieron en la sede diplomática, como lo denunció en un artículo periodístico la revista Proceso en su edición de finales de septiembre, donde pone a la luz pública el pico del iceberg encabezado por el también entonces canciller Luis Videgaray.

En el reportaje de Proceso se muestra a Videgaray como encargado de los manejos turbios en el exterior en una red de contubernio para desfalcar a las arcas públicas, en conjunto con la oficina consular de la ciudad de Tucson dirigida por el cónsul Embajador Ricardo Pineda Albarrán, y cuatro sedes consulares más consignadas por la revista.

Ante estas acciones de malos manejos financieros, el desdén y la indolencia burocrática hacia la comunidad mexicana, un grupo de ciudadanos atentos a esta situación organizaron denuncias públicas en redes sociales.

El nuevo cónsul decide hacer a un lado la austeridad republicana rentando una propiedad con 5 recámaras dos de ellas con baños propios, walking closet, sala, comedor, lobby con chimenea, garaje para 3 vehículos, alberca y jacuzzi,

Los mexicanos en Arizona hicieron varios intentos de hacer del conocimiento al presidente López Obrador, hasta que en la conferencia de la mañana del 2 de septiembre en la ciudad de Hermosillo se le planteó la situación que hasta entonces prevalecía en los consulados de Arizona.

El cuestionamiento llamó la atención del Mandatario que ordenó de inmediato se retomara la preocupación ciudadana por la cancillería.

Esta situación precipitó la salida del cónsul Pineda Albarrán de las oficinas de Tucson y provocó se sucediera el relevo inmediato por personas allegadas al secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo Montaño, quien hasta ese entonces tenía carta abierta para designar en posiciones diplomáticas en Arizona.

La designación recayó en los hombros de Guillermo Rivera Santos un personaje gris, mal visto por las huestes morenistas del Norte de Sonora y totalmente desconocido por los miembros de Morena en el estado de Arizona, según comentaron miembros de la comunidad migrante mexicana.

Los mexicanos de Arizona expusieron el magro desempeño partidario de Rivera y falta de tino político para consensar, sin experiencia y ambicioso de poder.

Lo grave estaba por llegar con la llegada del nuevo cónsul, pues además de dejar posiciones claves sin atender se dedicó a crear alianzas basadas en rumores y pago de favores políticos dentro y fuera del consulado buscando crear un ambiente propicio donde moverse ante su nula experiencia diplomática y política.

Guillermo Rivera utilizó a trabajadores del consulado como operadores políticos al interior quienes amparados en lealtades se dedicaron como Torquemada a “acalambrar” a los empleados afines al cónsul saliente.

Vida de Aristócrata

Datos recabados por Borderlinea.com.mx ante la oficina de transparencia informan que los gastos de “representación” del cónsul titular son de alrededor de 12 mil dólares mensuales, cuando menos para el área consular de Tucson como pagos de honorarios y para renta de casa habitación del cónsul y su familia.

Una casa promedio en renta en un área modesta, pero digna, en la ciudad de Tucson ronda en los mil 500 dólares mensuales, considerando los estándares de los hogares tucsonenses, que son casas de cuando menos una superficie de 1700 pies cuadrados que corresponden a tres recámaras dos baños cocina, cuarto de lavado sala, comedor y un garaje para dos vehículos patio y jardín.

Personal del consulado

Sin embargo, el nuevo cónsul decide hacer a un lado la austeridad republicana recomendada por el presidente López Obrador, y utilizar el gasto casi completo de lo asignado, rentando una propiedad con 5 recámaras dos de ellas con baños propios, walking closet, sala, comedor, lobby con chimenea, garaje para 3 vehículos, alberca y jacuzzi, en uno de los vecindarios más exclusivos de la ciudad.

Situación similar se ve en cuando menos dos empleados más, miembros del Servicio Exterior Mexicano en la plantilla laboral del consulado, Adriana Soto quien funge como Administradora desde el anterior cónsul Ricardo Pineda y quien conoce bien de los manejos financieros de la sede diplomática.

También en esta lista queda el cónsul alterno Alfonso Gómez, practicante del rugby, mancuerna de Pineda Albarrán en el consulado mexicano de Tucson en los últimos 4 años del sexenio anterior y quien ha sido acusado de omisiones ante las irregularidades dentro del consulado.

A escasos días de haber llegado al relevo, el nuevo cónsul Guillermo Rivera fue denunciado en un trabajo periodístico del portal de noticias nacional www.sinembargo.mx en un artículo firmado por la colega periodista y corresponsal en Washington, Dolia Estévez quien denunció algunas de las irregularidades y faltas graves a la Ley del Servicio Exterior Mexicano cometido por el nuevo cónsul Guillermo Rivera en sus escaso tres días de asumida la titularidad de la oficina consular.

La periodista cuestionó al Cónsul Rivera, pero éste le dio respuestas poco creíbles que se encuentran en el portal de Sinembargo.com.mx

AMENAZAS GANGSTERILES

El nuevo funcionario de la sede diplomática en respuesta al artículo publicado por Dolia Estévez convocó a una reunión en un restaurant del Oeste de la ciudad de Tucson, según lo confirmó a borderlinea.com.mx uno de los asistentes.

Esta persona confió información y pidió reservar su identidad por razones de seguridad, quien aseguró que el “equipo de confianza” intentó realizar un análisis para revertir “el daño causado”, pero en una reacción de desespero el cónsul Rivera pidió “chingarse” (a la periodista Dolía Estévez).

La petición causó extrañeza entre los asistentes a la reunión, comentó:

“Los ahí reunidos argumentamos la imposibilidad de esa decisión y lo negativo de una acción de ese tamaño, toda vez que hasta el mismo presidente se ha declarado en favor de la crítica y en contra de la censura”, a lo que el Cónsul Rivera refrendó su orden: “chínguenla como sea”.

Era evidente que el Cónsul en su torpeza exigía una campaña de desprestigio, de difamaciones contra la periodista mexicana en Washington, y lo dijo abiertamente, pero no fue obedecido.

Después de que los invitados a la reunión le convocamos cambiar la actitud de censura, el cónsul Rivera actuó en consecuencia y dejó de lado su insistencia a las amenazas; sin embargo, quedó la duda sobre su calidad moral.