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El periódico Tucson Daily Star deja de imprimirse y ahora solo se consultará ‘on line’

Una columna de Tim Steller

La primera casa del Arizona Daily Star contaba con grandes vitrales en su fachada norte, lo que permitía a los curiosos echar un vistazo.

Eso fue en el 208 North Stone Avenue, un edificio que ya no existe, en una esquina del centro histórico que ha desaparecido.

El edificio albergó al Arizona Daily Star y al Citizen de Tucson hasta 1973. Allí las ventanas de la planta baja permitieron ver públicamente un milagro: Las enormes máquinas en movimiento que imprimían dos periódicos al día.

Las prensas eran un motivo de orgullo no solo para los periódicos que las poseían, sino también para la propia ciudad, era una señal de que este pequeño pueblo en el desierto realmente existía.

El milagro se debe a que las imprentas, entonces y ahora, toman la información y la convierten en un objeto físico, un acto de alquimia que nunca ha dejado de sorprendernos a muchos de nosotros.

Esa es una de las razones por las que hubo mucha nostalgia en el periódico de hoy, sobre todo por el cierre de la imprenta del Tucson Daily Star después de la edición del domingo por la noche y la impresión que se trasladará a Phoenix el lunes.

Estas máquinas industriales mágicas hacen algo que puedes tener en tus manos, un periódico, ese mismo que fue el principal vehículo de comunicación masiva en Tucson por más de un siglo.

El olor a tinta y las poderosas vibraciones de las prensas te hacen sentir que algo grande está sucediendo, que las palabras y las imágenes se están volviendo tangibles.

Esta hechicería ha hechizado a la gente local durante décadas. Desde que llegué en 1997, he visto numerosos grupos de turistas caminando de aquí para allá la sala de redacción y las imponentes prensas. El 24 de febrero de 1955, la edición “Rodeo» del Arizona Daily Star destacó la historia que en nuestra primera sede, en la calle Stone, “La magia es el trabajo que realiza la prensa TNI”.

Para el 20 de agosto de 1973, la portada del Tucson Daily Star mostraba una foto del antiguo edificio y una leyenda titulada: «The Rumble is Stilled.» «Las máquinas de escribir y las máquinas de teletipo resuenan del antiguo edificio rosa del 208 North Stone Avenue».

Ese día, El Star y El Citizen, esa entidad comercial conjunta que llevaba por nombre Tucson Newspapers Inc., se mudaron al nuevo edificio donde todavía se encuentran nuestras instalaciones, el 4850 South Park Avenue. Desde entonces, ese edificio ha sido conocido por los empleados y muchos residentes de Tucson simplemente como «La Planta».

Esta es una planta y no solo un montón de oficinas, porque desde este lugar hemos creado, ensamblado y embarcado nuestro producto. Aquí tendrá lugar un proceso de fabricación hasta el lunes.

Nostalgia
Cierto día de 1973 celebramos la llegada de nueva imprenta offset, lo que nos obligó a cambiarnos del tradicional proceso de molduras de plomo a un proceso fotográfico que facilitaría la reproducción en serie de páginas.

«En ese momento había mucho orgullo en el proceso de impresión», recordó el director de operaciones en prensa, John Lundgren.

Esa prensa offset marca Goss Metro encendida en agosto de 1973, es la misma que está programada para silenciarse este domingo 19 de mayo, pues han dicho que es demasiado cara de mantener, pese a que Tucson solo tiene un periódico, pero con el agravante de que los lectores cambian rápidamente a leer nuestra información en línea.

Un último adiós
Yo mismo hice una última peregrinación a la prensa el jueves por la tarde para visitar a los trabajadores.
Han recibido muchas visitas últimamente, incluyendo la de James Krakowiak, quien fue prensista por más de 40 años y padecía de sordera.

Casi todos los prensistas sabían un poco del lenguaje de señas porque trabajaron con Krakoviaw y con otro empleado que también era sordo. Ese jueves, en mi presencia, recrearon palabras con sus manos para recordar a Krakowiak.

«Los prensistas habían imaginado que esta día habría de llegar en un par de décadas más, luego del cierre del Tucson Citizen en mayo de 2009, dijo el prensista Jeff Aronhalt, “y se aferraron al trabajo y al orgullo de la creación porque lo bueno de este trabajo es que caminas por los pasillos y recoges algo que hiciste”.

No es para menos que estas personas sean simpatizantes de lo tangible, del objeto, del papel impreso, pues ha sido su sustento por décadas.

“Cualquiera puede hacer una página web, pero nunca la podrán sostener en sus manos», pronunció el supervisor de prensa Ben Taylor.

Para aquellos que estamos en este negocio, el hecho de que ya no vayamos a imprimir periódicos en Tucson es doloroso y simbólico, pero es parte de la desorientación que estamos viviendo.

La difusión de información se ha movido a sus versiones en línea, lo cual es bueno porque evita que se talen unos cuantos árboles, pero también se enfrenta la adversidad de que cualquiera pueda convertirse en editor.

Esto es bueno en muchos sentidos, pero la falta de barreras de entrada para difundir la información también tiene su lado negativo.

El verano pasado me impresioné muchísimo cuando Michael Lewis Arthur Meyer, residente del área de Marana (al norte de Tucson), atrajo a miles de espectadores en línea mientras daba a conocer una “teoría de conspiración” en la que supuestamente había descubierto un campamento en el suroeste de Tucson, donde un sinnúmero de niños eran víctimas del tráfico sexual.

No era cierto y tampoco necesitó de una imprenta para difundir sus fantasías. Simplemente utilizó Facebook Live y atrajo a una gran audiencia, solicitando donaciones en tarjetas de regalo y en especie.

Muchas de estas teorías de conspiración y fantasías han explotado en las redes sociales.

Paralelamente, han aparecido en línea ejemplos de periodismo profesional y ciudadano que no han necesitado de tener una prensa e imprimir en papel para comunicarse con una audiencia masiva, lo cual también es válido.

Debido al «gran nivelador” que ha significado el internet ya no estaremos trabajando en una «planta» el lunes. Solo será una sala de redacción y oficinas.

Aunque el periodismo es todavía una excelente manera de ganarse la vida, esa excelencia se verá un tanto disminuida sin el ruido de la prensa, el olor a tinta fresca y la satisfacción de tomar entre las manos un periódico que hicimos aquí.