Mientras los analistas nacionales y extranjeros siguen de cerca la recién concluida quinta sesión plenaria del XIX Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) en busca de las claves sobre la dirección económica y social de China durante los próximos cinco años y más, pueden confiar en la continuidad estratégica del diseño de la política de China y los elementos de certidumbre que la nación puede brindar a un mundo hoy turbulento.

En el importante encuentro, se discutieron las propuestas del XIV Plan Quinquenal de China (2021-2025) para el desarrollo económico y social, antes de que se presente un programa detallado a ser aprobado en marzo próximo por la Asamblea Popular Nacional, máxima legislatura de China.

Tras su lanzamiento a mediados de la década de 1950, el primer plan quinquenal ayudó a China a construir su capacidad industrial casi desde cero. Ahora que está terminando el decimotercer programa de este tipo, China se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo y está cerca de completar el desarrollo de una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos.

El crecimiento económico constante y dinámico de China ha permitido que el país sea un propulsor estable del desarrollo económico mundial. Según información oficial, China ocupa el primer lugar en términos de contribución al crecimiento económico mundial desde 2006, y ha contribuido con cerca de un 30 por ciento al crecimiento mundial anual desde 2013.

Al implementar una respuesta eficaz frente a la pandemia de Covid-19, China es la primera gran economía que mostró crecimiento desde el impacto del coronavirus y se prevee que continúe siendo la única economía con un crecimiento positivo en 2020. La rápida recuperación económica de China ofrece confianza y oportunidades para la economía mundial de volver a la normalidad.

Continuidad quinquenal

El encanto de los planes quinquenales de China radica en su continuidad. Cumplir con un plan nacional permite a China alcanzar objetivos económicos y sociales de forma duradera, metas que parecen inalcanzables en algunos países occidentales donde las políticas de largo alcance apenas pueden sobrevivir.

El programa de reducción de la pobreza, por ejemplo, se ha mantenido a nivel nacional durante años. Desde la década de 1980, el gobierno chino ha emprendido planes para reducir la pobreza y los convirtió en una prioridad del desarrollo nacional.

Para finales de 2019, el número de ciudadanos chinos que vivían en la pobreza cayó de 98,99 millones en 2012 a 5,51 millones. China aún continúa en sus esfuerzos por erradicar la pobreza extrema para 2020, lo que convertirá el país en el primero del mundo que acaba con la pobreza absoluta.

La elaboración e implementación del Plan Quinquenal también ofrece a China un marco institucional para buscar reformas graduales y robustas a lo largo de las décadas, mantener la estabilidad y lograr un notable crecimiento.

Desde el inicio de la reforma y la apertura en 1978, los diversos planes quinquenales han facilitado durante décadas la transición de la economía planificada a una de mercado, de un crecimiento impulsado por las exportaciones hacia uno basado en un mayor consumo, y de un modo centrado en el crecimiento económico a uno más integral que incorpora ambiciosos objetivos sociales y medioambientales.

En los próximos cinco años, se preveen mayores pero necesarias reformas. El nuevo Plan Quinquenal elaborará una clara ruta para alcanzar estos objetivos, como lo ha hecho el país en otras ocasiones.

A pesar de estar viviendo un tiempo de turbulencias como consecuencia de desafíos globales varios e inigualables, China se adherirá a sus objetivos de desarrollo a largo plazo, lo cual es particularmente reconfortante teniendo en cuenta que el mundo entero está a la espera de certezas. Fin